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sábado, 23 de mayo de 2009

LA MENTIRA DE LA POLITICA

Tenemos lo que nos merecemos. No sé cuántas veces en los últimos meses he escuchado estas palabras. Extrañamente, lo que no he escuchado son soluciones, ideas o críticas.

Lejos de realizar una crítica sobre el actual gobierno o sobre cualquier otro gobierno que nos hayamos merecido, hay una serie de cuestiones que vienen a mi mente y para las que no encuentro una respuesta coherente. En algunos casos, no encuentro simplemente una respuesta.

¿Quién dirige nuestros destinos? Quizás personas con fuertes creencias religiosas rápidamente encuentren la respuesta. Sin embargo, mi pregunta es más banal o menos mística. ¿Quién decide qué está bien y qué es un delito? ¿Quién decide si hay que subir las pensiones? ¿En manos de quién está decidir si un país entra en guerra?

La respuesta a estas y a muchas otras cuestiones encuentra fácil replica en el ciudadano medio. El gobierno. De acuerdo. Vamos pues a seguir ese camino. Siguiente pregunta. ¿Quién elige el gobierno? Afirmación aún más rápida que la anterior. El ciudadano.

Quién no tiene un familiar, un amigo, una pareja o simplemente un conocido al que prácticamente hay que pedir audiencia para poderle ver unos minutos porque meses después se someterá a un duro proceso de selección: una oposición. Desde el policía que patrulla nuestras calles hasta ese personajillo de la ventanilla de hacienda que se va a desayunar tres veces al día y aún una más cuando te acercas a sus dominios para ser atendido, todos ellos han tenido que someterse a un examen de mínimos, competir con otras personas deseosas de desayunar tres o cuatro veces al día durante el resto de su vida laboral y demostrar, en ese momento, ser mejor o estar más capacitados que el resto de aspirantes.

Para ser presidente del gobierno, ¿qué oposición hay superar? ¿Ante qué tribunal hay que sudar? Y para ser ministro de economía, ¿cuáles son las bases de la oposición? Vivimos en un país donde hay que luchar lo indecible para ser funcionario y sin embargo, el funcionario más importante de todos, el que más cobra, el que mayor poder y responsabilidad tiene, el que maneja el futuro de millones de personas no tiene que demostrar que es mejor que los demás. Simplemente tiene que convencer a más gente que otros para que crean que lo va a hacer mejor.

Me queda la sensación que la gente más capacitada de este país, que hay mucha y muy bien preparada, está en la empresa privada. La gente seria no se dedica a la política salvo raras excepciones. ¿Por qué no se exige a los aspirantes al gobierno en sus diversos cargos demostrar que son mejores que los demás? Está bien que sean simpáticos, guapos y con don de gentes. Pero estaría mucho más tranquilo si supiesen de economía, leyes, medioambiente y al menos inglés. Y por supuesto, experiencia laboral exitosa demostrada en la empresa privada. ¿Cómo van a dirigir la mayor empresa de una nación si nunca han trabajado?

Pero seguiremos eligiendo en función del partido político del que somos, de la simpatía de determinado candidato y de la facilidad que tenga para convencernos con palabras de lo bueno que es. Nunca con hechos, sólo palabras.


Pues sí. Tenemos lo que nos merecemos.

Biografia José Blanco (actual ministro de fomento), increible pero cierto.

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